martes, 28 de abril de 2009

Soy y estoy


Esta vez solo, perdido entre ansias, girando en torno a mis sueños y pensamientos que se entrecogen como desproporcionadas jugarretas de animales.

Sombra a sombra…
Respiro mi instinto, consuelo mi llanto, estorban hasta los verbos. Divagando en mí ser y mi karma, la percepción se percibe.

Arraigado en miradas del espejo aquel. Ese soy yo, siendo tú. Son las 7:00 de una nauseabunda y terrícola mañana, te veo ser, te observo hacer el ritual matutino, una fuga de imperfección perfecta, en el mismo lugar, en el mismo tiempo, en el mismo grávido sueño que se conjuga en calladas voces, en inhóspitos gestos. Un movimiento, un rostro, una ojeada al cotidiano diario, una taza de café, un bostezo, una ventana, lo que ha de ser es lo que veo, es lo que soy, es quien soy, es donde estoy. Gravito en las sombras de la noche, en la identidad del día sol a sol, cara a cara, soy y estoy lo que soy, lo que fui.
Inventivas


Sombras iluminadas, sombras diluidas.
Dividido en cuatro partes: entre el lenguaje de mi sombra, la clandestinidad de mi apellido, el retoñar de mi cuerpo y nadar entre tanta carroña.

¿Qué más da?
Ver disecar mi alma, derretir mis ojos, sentir llover sangre sobre esta tierra, versos e íntimas palabras, sobre mis inventivas.

¿Es que no ves es el eco de cada poro de mi piel consumido? por tanto y tanto hoy beso, desnudo mis recuerdos, aprendiz de mis miedos, esquema de la rutina. Es como…Tomar café o ir al baño, es pintar las paredes de lo cotidiano y a las calles de lo trivial.
¡Es de día, coño!
Flamboyán en el sol, la propia escoria, es delirante. Es como nacer, morir, es premorir intentando nacer, es algo, renacer, es morir otra vez, y nada más que ungir la luz de oscuridad, tabaco, de lujuria y embriagar de ron la noche que proyecta mi cuerpo, mi opacidad.

el momento en mi

El momento en mi.


En un baño, sumergido en pensamientos, ideas mojan mi rostro, es tu calido vientre, es como depones ese aire de diosa desnuda, hoy me siento parte tuyo, mas inocente que nunca.

Sumergido entre aguas impregnadas de soledad, estoy entre el cielo y la tierra burbujeando silencio por mi piel.

¿Quién sabe que pienso, pienso y vuelvo a pensar?
La luna flota en mi bañera, mi jabón emana un olor a sol oscurecido, mis pies se tornan simples y vacíos y los mosaicos llueven mis lágrimas gota a gota…gota a gota go-ta-a-go-ta.

¡Mi mente quiere escapar por la ventana!
Mi boca simula unas añejas sonrisas, mojado en mi mismo, atado a soledades cautivas más halla de las personas.

Hojas sórdidas….
Te quiero leer, te quiero dormir. Mis instintos crean mitos en la ducha, mis ensueños copulan en un epitafio. La eternidad está quebrada en el néctar misterioso. Colapsan los sentidos.

Aborto dolores y sensaciones, aromáticas miradas que se desnudan ante mis ojos
¡Yo no se!...pero esto es un poema liquido que fue escrito por un torrente de parpados.
Hoy lo clausuro con la voz, describiendo mi sangre glóbulo por glóbulo sin importar clase y leucocitos por leucocitos en la última noche.
…y sobre mi espalda, diluidos presagios que penetran mis tejidos muertos.

ratitos

Ratitos

Apenas ropajes de círculos mordaces, naufrago en los tumultuosos instantes.
...Es como tener los labios enredados de momentos, esos labios deliciosos que ingieren atmósfera de silencio, perderse en el aire, perderse en el sabor absurdo, perderse en la estancia. Hoy aquí, hoy allá, estoy en ratitos fugases imperecederos. Que desaparecen… sin avisar vuelven, y se van.
Respiro… sonrio, recordando dibujos bañados de luz en un espacio blanquecino, etéreo. Rebozado de una alegría secular, menguando en la calma que vuelvo a recordar.

Los hecho de menos, me extrañan, pasan con sigilo como quien teme que despierte, pero estamos conectados al suspicaz sentir, recíprocamente trascurren horas de ignotos secretos. La trémula transitoriedad, ratitos que hacen dar vueltas y saltar al mudo eco ido estoy, descalzo tras la ventana de antaño.
Consumido por el recuerdo transparente y terso, como la luz de aquella lámpara naranja, con la mirada perdida y no obstante reserva el tiempo que fue. Guardados están en la penumbra de la memoria

¡Vengan conmigo!
Quédense en el momento infinito, quédense en el rincón amarillo, piérdanse en los pensamientos que se agolpan en mi mente.
Correlativamente me enredo en estar allí, quédense aquí ratitos que congelan lo sutil.


los niños juegan en el parque de enfrente


Los niños juegan en el parque de enfrente

Hoy me tropecé con mi infancia, por nueva vez estuve de regreso. Inmerso bajo su mirada taciturna, perdido en sus bucles de tristeza, en un suspiro efusivo descartó la posibilidad de hablar.
Diminutas travesuras provenidas sin pensar, el espacio se impregna de movimientos de un lado a otro: como ambicionando ser desapercibido, sin pequeños hoyuelos en las mejillas, sin sombra, ni luz, y yo embriagado de ternura en un día de abril cualquiera, por su carita somnolienta e inocente.

Niños retozan en el parque de enfrente.
Iba un infante por la sala, con tentativas, existencia inadmisible, inolvidables universos y un sorbo de curiosidad.
No crecía ninguna vegetación en su rostro,
En contra partida, sin notificar decidí ser tú, ser niño otra vez, pero no un niño habitual y corriente que se deleita con su actitud majadera y que se succiona el pulgar o que se hurga la nariz. Quiero ser el pequeño desgajado en la simplicidad, como una hoja de su rama que se posa en la tierra. Ser el niño marrón, el que se está descascarando en el suelo con alas disueltas entre las piedras.

Niños juegan en el parque de enfrente, en cambio tus pasos abrían caminos a la inocencia con gestos y gracia desigual. No era invención suya, era él.
Chiquillo que se impacienta con facilidad, con tus manos confeccionas figuras monótonas, renacidas con gran ingenuidad.

Niños juegan en el parque, pero él no.
Se encoje, se acurruca bajo nadie, bajo nada.
Es su dolor, su depresión, esta vez no era a causa de un pela’o en la rodilla izquierda, provenía del alma. No entendías, y quizás jamás lo entiendas, o talvez busques la manera de entender como lo hago ahora, sumergiéndome en el chiquillo intrínseco que extraño de vez en cuando, al yo de antaño. Era un dolor tan hondo, tan recóndito que salía del centro de tus parpados con la divina prudencia. Entonces me intuí así, diferente, como estoy, cambiado, evolucionado. Estoy sentando en mi ensimismamiento, en letargos insospechados, en ruinas infantiles y maduras.

Quizás pequeño, habrá ilusiones prolongadas y frecuentes. Ante tus ojos desfilaban vocablos, voces y nombres que pretendías no ser tuyas, ante los míos sinfonías y reflejos.

Niños juegan, juegan para estar. Corretean.

Esto no es un consuelo, ni mucho menos puedo aliviarte tu mal, sino que estuve en ti, fui tú por un instante que se marchó con premura.
Infante, en ti se alterna luz y penumbra, se percibe que en tu paladar solo se degustan acíbares, y que ya no había caramelos, paletas o helados. Como quisiera que la lluvia desparrame colores sobre ti, como quisiera extraerte de esa maraña que te aleja de tu esencia cándida.

Niño marrón de minúsculas arruguitas, empezaste a vaciar el contenido mágico de tus pupilas sobre mí, sin calidoscopio, sin cajitas de colores, sin que precises de cometas para elevar tu nostalgia. Hiciste que hoy me topé con mi reconfortante niñez.


plenilunio

plenilunio



Gesticula en un bostezo atmosférico, sin que le quepa un gramo más de sueños, llena, full hasta reventar, gorda montada en la negra altivez, diana de cara transfigurada, hurgando en sus ojos el paisaje de la ternura, espumándose de puntitos el paraíso incierto, suavemente me deslizo, sin ruido por la almohada, se derrama la noche sobre ella, sin doctrina, solo ella, mi gorda, mi distanciado círculo, sin palabras, solo una inspiradora astronomía, y dormir soñando en la lejanía de mi realidad exorbitante, tejiendo el cielo, poseyéndola en mis manos.

Diciembre


Diciembre


En la diversidad de….
Olfateo y olfateé el sonido de mi silencio, naufragando en el grito de mi parálisis súbita, vianda de las fieras, aura opaca del ocaso celeste. Mientras vertiginosamente renazco del polvo de mis ruinas. En la intensidad de mi arte… La oscuridad emana desmanteladas confusiones, contradicciones e indecisiones, transcurre el venir, pasa y vuelve a pasa el ir. Momentánea opacidad que incuba lo efímero, huir, respirar, sin embargo pensar sobre la risa funesta de la luna, sobre toda esta algarabía.

Nadar en un rió de aguas turbias mas bien, turbadas por pies ajenos que arremolinan en mí. Caen las estrellas una a una, el aire quema. Un vuelo eréctil de paradójicas palabras, tan frías, tan áridas como las aberturas que dividen los dedos de mis manos, porque nadie sabe que me entumecerá en este diciembre, nadie.

Pa´mi árbol estrellado


Pa´mi árbol estrellado


El tiempo me habla del tiempo,
El silencio me habla del silencio,
La soledad pedalea hacia la compañía que se proyecta en el viento.
Esculpo un secreto que para nadie es un secreto,
Esculpo un árbol de follaje deslumbrador,
Esculpo otro secreto que en la simplicidad de la realidad debe ser descubierto como se cuela la luz del sol en el ramaje del árbol estrellado,
…lejanía y un agujero en donde acontece la melancolía y se quiebra la alegría.

Entrañas, cicatrices e infancia que arremolinan en la tranquilidad de mi memoria, en las raíces desenterradas y el ramaje estrellado.

lunes, 20 de abril de 2009

Por la ventana

Mientras se apagan las otras ventanas, por mi ventana entra un escrutador aire, entra el agua que abástese el espacio y sosiega, que deja charquitos de ausencia. Ondulan suspiros en una mañana ambarina.

Por mi ventana entran sueños que se disuelven en los míos, por mi ventana no queda nada, por mi ventana traspasa un eclipse de fantasías, por mi refugio, por mi cubito de dimensiones y locuras.

De mi hogareña maleta dejo salir los sentidos, dejo entrar todas las vibras, dejo que mi cuerpo navegue en metáforas, dejo que mi olvido anide en la memoria, dejo que mi rutina haga pentagramas en mi armonía y mi lengua.

Por mi ventana acaricio el delirante silencio, peino el tiempo, giro en un espiral, castro la tristeza con el aliento, me visto de viaje, me atavío de emociones.
Por mi ventana, conspira la ilusión contra mis dedos, se albergan caritas tiernas sobre la lámpara, libros y palabras.

Por mi ventana veo, busco y no sé que busco, entre sillones y muros, entre panoramas de un crepúsculo, entre fotografías y pasado, entre flores adolescentes, entre nostalgias a borbotones, entre la hierba melodiosa que se redimida al suelo. ¡Las blandía!
A través de ella, entra el fuego del mar, la nieve del verano, las hojas con toda su clorofila del otoño.

Por mi ventana se esparcen semillas sobre mi piel y se fecundan. Iba yo caminando sobre la risa en la penumbra de unos ojos, encuentro mi cara y peces danzando en aquellos charquitos, observo crepúsculos de platanares sobre el tapiz de nubes despedazadas y grises.
¡Llueven nubes! Llueven privativos días, se extravía el ebrio amor en el sofá y el olor a tierra húmeda en las madrigueras de mi cara.

En mi ventana, tras las cortinas muere el día, la suave música, el gélido viento, se diluye el arrullo de las palomas tal si fuera un percusionista oriental. Entran interrogantes, retóricas y con ellas respuestas insípidas y una plétora de aprensiones, ante ella la distancia es el puente del van y ven.

Tras mi ventana se despiden los ojos diurnos, entra lo negro, se cuela otro astro, entran sombras. Me sumerjo en la luz de la noche, me mojo en hilos de espasmos. En lo nocturno de un poema.

Las bisagras lustres, bañadas de rayitos de luna mientras los marcos renacen en una pasa arrugada, en paradojas que indican el tiempo, que separan las luciérnagas del gallo. Yo continúo colgado en la luna, zozobrando en sus balcones.

Mi gato despierta, no reconoce nada, volvió a nacer. Permanece absorto ante mis ojos. Acude a mi mente que es una reencarnación, mi gato de manchas, que recoge todas las negruras del mundo en ellas. Me rumia en mis oídos descalzos. Mi ventana y mi gato che.
¡Llueven estrellas!
Rezongan las hojas entre mis nudillos, me he ido desmoronando ante el ameno sabor a ternura, me abruma el dulce silencio.

¡Ventana platícame!
Revela el sortilegio en el retintín del té, mueve las tiras trenzadas de mis manos. Me roban, me atrapan los recuerdos. Se demuelen y vuelven a nacer los pensamientos a orillas de la ventanita que me provoca hipocondría. Estoy ungido por una lluvia de sensaciones en diversos colores y matices. Por mi ventanita salgo, salen, entran instantes.

aquel payaso

El murmullo enmoheció, acompasadamente balbucea la mirada.
¿Por cuánto tiempo permanecí fuera?
Adentro todo es caos, en el interior un cosquilleo párvulo, suspira el misterio, retumba la calma, la eterna oscilación de mis apegos, la indómita pujanza del eco tremebundo, la mente se torna nacarada,
Simula entre la muchedumbre con sonrisas repetidas y desgastadas, deslindando la agonía.

El tiempo es un carruaje sin ruedas, un ente con pies mutilados, el espacio es un intervalo de marasmo, sorbo a sorbo las luces en mí se consumían, yo en el universo paralelo, con mi cara pintada, con mi cara sórdida y sin mancillas, con mi cara lúcida que se pasea por la identidad, con mi maldita cara de espasmo: como quien quiere contener la respiración e intenta vomitar esa bocanada autodestructiva.

Me congelo en pretensiones, de insondables nostalgias recónditas, un algo se desliza, ha de salir…se escapa.
¿Qué es? un alarido, una carcajada que se asoma a la ventana de mi boca, una lágrima pintada de duende.
Súbitamente soy aquel payaso, soy aquel arlequín con la panza atestada de gestos vacíos, de sonrisas inhóspitas, que pretende no estar marchito, que se desmantela por dentro, que semeja escabullirse en jugarretas pueriles.

Sin lamentos ventilados, sin pesares a la orilla, sin quejidos discernidos, sin revelar sentimiento alguno, resguardado bajo un montón de artificios, en un inescrutable flujo de viento, divagando, oculto en el follaje inconstante, sin alambicarse, se mece en el columpio de la alegría, mutilado por carcinomas interiores.

¡Oh payaso delirante! Payaso de carne y porcelana, consumido entre habitantes luminosos, aquel que está vivo y muerto,
…muerto viviente, moribundo, convaleciente. Los rombos de colores se tornan monocromáticos, es el eco de sus propios clavicordios, sumido en pretensiones de vulnerabilidad, no es cuestión de oficio sino gajes de la naturaleza. Que ingenuo mi mismo yo.