
Los niños juegan en el parque de enfrente
Hoy me tropecé con mi infancia, por nueva vez estuve de regreso. Inmerso bajo su mirada taciturna, perdido en sus bucles de tristeza, en un suspiro efusivo descartó la posibilidad de hablar.
Diminutas travesuras provenidas sin pensar, el espacio se impregna de movimientos de un lado a otro: como ambicionando ser desapercibido, sin pequeños hoyuelos en las mejillas, sin sombra, ni luz, y yo embriagado de ternura en un día de abril cualquiera, por su carita somnolienta e inocente.
Niños retozan en el parque de enfrente.
Iba un infante por la sala, con tentativas, existencia inadmisible, inolvidables universos y un sorbo de curiosidad.
No crecía ninguna vegetación en su rostro,
En contra partida, sin notificar decidí ser tú, ser niño otra vez, pero no un niño habitual y corriente que se deleita con su actitud majadera y que se succiona el pulgar o que se hurga la nariz. Quiero ser el pequeño desgajado en la simplicidad, como una hoja de su rama que se posa en la tierra. Ser el niño marrón, el que se está descascarando en el suelo con alas disueltas entre las piedras.
Niños juegan en el parque de enfrente, en cambio tus pasos abrían caminos a la inocencia con gestos y gracia desigual. No era invención suya, era él.
Chiquillo que se impacienta con facilidad, con tus manos confeccionas figuras monótonas, renacidas con gran ingenuidad.
Niños juegan en el parque, pero él no.
Se encoje, se acurruca bajo nadie, bajo nada.
Es su dolor, su depresión, esta vez no era a causa de un pela’o en la rodilla izquierda, provenía del alma. No entendías, y quizás jamás lo entiendas, o talvez busques la manera de entender como lo hago ahora, sumergiéndome en el chiquillo intrínseco que extraño de vez en cuando, al yo de antaño. Era un dolor tan hondo, tan recóndito que salía del centro de tus parpados con la divina prudencia. Entonces me intuí así, diferente, como estoy, cambiado, evolucionado. Estoy sentando en mi ensimismamiento, en letargos insospechados, en ruinas infantiles y maduras.
Quizás pequeño, habrá ilusiones prolongadas y frecuentes. Ante tus ojos desfilaban vocablos, voces y nombres que pretendías no ser tuyas, ante los míos sinfonías y reflejos.
Niños juegan, juegan para estar. Corretean.
Esto no es un consuelo, ni mucho menos puedo aliviarte tu mal, sino que estuve en ti, fui tú por un instante que se marchó con premura.
Infante, en ti se alterna luz y penumbra, se percibe que en tu paladar solo se degustan acíbares, y que ya no había caramelos, paletas o helados. Como quisiera que la lluvia desparrame colores sobre ti, como quisiera extraerte de esa maraña que te aleja de tu esencia cándida.
Niño marrón de minúsculas arruguitas, empezaste a vaciar el contenido mágico de tus pupilas sobre mí, sin calidoscopio, sin cajitas de colores, sin que precises de cometas para elevar tu nostalgia. Hiciste que hoy me topé con mi reconfortante niñez.