...Es como tener los labios enredados de momentos, esos labios deliciosos que ingieren atmósfera de silencio, perderse en el aire, perderse en el sabor absurdo, perderse en la estancia. Hoy aquí, hoy allá, estoy en ratitos fugases imperecederos. Que desaparecen… sin avisar vuelven, y se van.
Respiro… sonrio, recordando dibujos bañados de luz en un espacio blanquecino, etéreo. Rebozado de una alegría secular, menguando en la calma que vuelvo a recordar.
Los hecho de menos, me extrañan, pasan con sigilo como quien teme que despierte, pero estamos conectados al suspicaz sentir, recíprocamente trascurren horas de ignotos secretos. La trémula transitoriedad, ratitos que hacen dar vueltas y saltar al mudo eco ido estoy, descalzo tras la ventana de antaño.
Consumido por el recuerdo transparente y terso, como la luz de aquella lámpara naranja, con la mirada perdida y no obstante reserva el tiempo que fue. Guardados están en la penumbra de la memoria
¡Vengan conmigo!
Quédense en el momento infinito, quédense en el rincón amarillo, piérdanse en los pensamientos que se agolpan en mi mente.
Correlativamente me enredo en estar allí, quédense aquí ratitos que congelan lo sutil.
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