Añoranza de aleteos
Resuciten!
Supongo que están con las alitas quebradas,
Aun espero boquiabierto que entren a mi paladar, que deambulen en cualquier litoral de mi organismo, porque solían posarse en mi estómago, esos aleteos.
No sé si eran provenientes de mariposas, murciélagos e insectos… extrañas pulsaciones.
Se depositaban aleteos en mí, esos pequeños soplos que remueven los contornos de mis adentros. Ahora, ahora creo que envejecieron, que gotearon sin más.
Añoro sus caricias resbaladizas, sus danzas desarticuladas, esos inquietos hormigueos que chorrean mi armonía nerviosa, que preponderan sensaciones ignoradas también las sacudidas tenues e ininterrumpidas que recogen las migajas de la impaciencia. Sin duda alguna, ya no frecuentan a mí, ahora preciso del desamparo, no de presentimientos. A lo mejor se desnudaron, se quedaron sin flotar…se desvanecen poco a poco.
¿A dónde fueron a parar esos aleteos, se habrán exiliado?
Después de todo aun los rememoro; cuando se alborotaban queriendo escapar por el esófago, estrellándose contra todo a su paso como deseando escupirle a la timidez.
Esto no es agnosia. Es que no guarnecen esas palpitaciones, no perduran, ya no vibran esas sensaciones súbitas que profundizan en mi estómago, que me excitan.
Aleteos, solían fecundar un girasol de capricho en mi yeyuno, quizás se arrancaron de raíz esas intuiciones,
Porque no nacen, ya no crecen, ni brotan, no se asoma ninguna afección, ningún cosquilleo.
Hoy todo aquello que percibía como aleteos en mi pansa se tornan navajas acumuladas en una botella mientras las palabras permanecen rotas.
Aleteos, quizás descendieron o se descompusieron por los jugos gástricos hasta desaparecer, quizás tomaron un descanso.
¿A quién engaño? No.
No hay comentarios:
Publicar un comentario