Sujeto a la suave cadencia de los pies,
Despacito entre charcos flamantes,
sin masticar piedrecillas,
sin disolverlas,
sin infusión alguna.
Se agacha,
recoge la voz esparcida ,
una vez allí, entre cercanías y lejanías,
en medio de no calzar y portar zapatos,
con millas consumidas;
muerde el polvo,
burbujea lamentos;
roído por hipérboles y onomatopeyas.
Sus ojos salen de viaje a buscar el panorama,
a buscar el porvenir a tientas,
la sombra lame sus pies,
el viento le balbucea al cuerpo.
Allí esta,
exceptuado de oclocracia, oscila las piernas;
caminando sin saber porque camina,
portador de un espacio occiso y abrupto.
Cierra los ojos,
una cama construida con torpezas, sueños y latidos,
se lanza…
entre abre los tímidos parpados;
a media hasta como quien sabe que algo estará allí,
… la aparición del miedo,
el temor crujiente de saber porque camina;
construye toda una salida de emergencia,
una trinchera a destiempo,
con cautela impregnada de formol.
El temor le acecha, sabe qué piensa,
qué hace, qué espera.
El temor lo decapita como un animal hambriento,
la realidad le derrite sus pestañas a medida que abre los ojos,
se derrite aquella atmósfera ilusoria,
todo se diluye antes sus ojos ...hasta el superfluo y sucinto sosiego.