viernes, 2 de abril de 2010

ReVolvEr


















Me deje ladear por las mariposas de fiebre que se le escaparon a Mir, me desprendo de una actualidad imperiosa y compleja,
Desembarazado,
Entreoscuro en el edredón,
Habitaba una persistencia de susceptibilidad,
Esclarezco,
Armonizado por el pulso del viento,
Por mis manos irrecusables,
Por estridencia de los rostros,
Irreversible.
Proporción de lo entrañable; concisión,
Escapo de mi claustro,
Sonrío, por las consignas de realidades intimas,
Por el búho vuelto música,
Por la lengua vuelta proyectil,
Por la austeridad que hormiguea en la profundidad,
Me deslío,
Me deslío de titubeos tangibles,
Incluso de alucinaciones cotidianas; la conquista de las entrañas, continencia de la creación fulgurante, raíces palpitantes.
Me desentumo, echo andar mis rodillas, despierto mis manos, desgasto mis dedos, garabateo mis parpados,
Me dije
No voy a escribir,
No quiero ve’ a que sabe.
Sin ingerir casualidades,
Ni mucho menos el aire transitorio, ni briznas de silabas ventiladas,
No deseo enjabonar lo crudo, no evoco engañarme, ni engañar a mis sensaciones.
Esta vez me cercaban aquellas mariposas febriles, de soslayo ambidiestro, de modo posterior y anterior, después de todo convertido en la presa, las palabras; mis rejas, el mundo circundante; mi carcelero, las circunstancias mi sentencia.
Néctar impaciente,
Perfume desapacible,
Ligereza de roces,
Oculto en sus volteretas,
Me perpetuo,
Me revuelvo,
La voz de la sombra,
El grito de los pasos,
Incauto y dócil a lo sensitivo,
En un torrente de segundos,
Bajo el tiempo indefinido, aguado,
En el ascensor de cualquier bellaquería,
En respiros de polvo y sal,
Bajo el ofuscado sol que golpea mi frente una y otra vez,
En torno al repertorio de ruidos,
Bajo el paraíso de cal y cemento,
Varado por impresiones de necesidad.
Armazón
Solo me descubro;
De manera anatómica y intrínseca cuando encuentro lo intimo y ambiguo,
Descubriendo los otros yo que contengo en máxima unidad.
Me descubro,
Cuando escucho el atropello de las estrellas en las entrañas, cuando me acorralo, me surco y, exprimo barnizado de soledad.
Cuando me profano, simplifico en litigios existenciales, expenso a lo rosa del sol, en el amarillo de las mejillas.

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